sábado

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Tengo miedo de los espejos.

Tengo miedo de las puertas del metro, de los cristales de los lentes, de los ojos vidriosos, de las miradas perdidas, de las ventanas sin cortinas, de las vitrinas sin maniquíes, de las pantallas de los televisores apagados, de los notebooks sin batería, de las gotas de agua, de la vajilla demasiado limpia, de los tenedores, de las cucharas, de los cuchillos, de las hojas afiladas y de las sonrisas relucientes.

Tengo miedo de la ropa, de la tela en si misma, del género elasticado, de los pantalones, de los negocios con aroma a dulce, de los carteles apetitosos, de las sonrisas ajenas, de los helados de lúcuma.

Tengo miedo de lo absurdo, de las canciones melancólicas, de los dientes amarillos, de los cigarros, de los cuadernos abultados, de las pruebas sin completar, de los examenes finales, de ucursos, de pio nono, del metro los leones, de los destacadores que no son faber castell, de las canciones de Jarabe de Palo, del agua de hierba, de Orgullo y Prejuicio, del celular, de las esquinas en que la gente te mira a la cara, de los pasillos abarrotados.



Tengo miedo de ser la última en subirme a la micro y darme cuenta que al llegar al pasillo, todos los que viajan en ella ya me han analizado.



2 comentarios:

Felipe dijo...

Linda entrada.

Nauta dijo...

¿esto es una ventana de no-miedo?