lunes

disney


Disney me enseñó tantas cosas bonitas.

Me enseñó que las princesas son rubias, bonitas y flacas, que tienen sonrisas gigantes, que lloran con desolación. Me mostró un mundo lleno de palacios gigantes, de lagos brillantes, de animalitos amigos que te ayudan a encontrar el amor de tu vida. Me enseñó de vestidos que se acomodan perfectamente a su cuerpo, de canciones románticas que te mueven el útero, de historias de amor que se completan de manera ideal. Me dijo que el príncipe azul llegaba, de la manera como fuera, pero llegaba. Aparecía montado en un caballo y se acercaba con pasos fuertes, armado con una espada luego de haber luchado contra bestias o contra malvados enemigos inimaginables. Venía con el pelo peinado, con una sonrisa amplia y la convicción de encontrar a su amor. Es un hombre fuerte, hábil, inteligente. Es perfecto. Además es jugado: está enamorado, lo reconoce, lucha y lo logra. La princesa es sufrida al máximo. Generalmente es pobre, empleada, hija de un tipo muy bonachón (que también es pobre) o de un desgraciado que la tiene endeudada. Disney me enseño que ella lo mira de lejos, le sonríe con delicadeza, sufre y sufre, le sonríe y le sonríe, luego de sufrir más se arma de valor y lo mira a los ojos y luego la magia llena de colores la pantalla y la musiquita ad hoc llenando los oídos. También me enseñó que los malos siempre pierden, que los buenos siempre ganan. Que las mujeres malvadas siempre son feas y narigonas y que además tienen ropa más fea que la princesa (aunque ella sea pobre) y que las brujas siempre son viejas pero que tienen poder. Que la gente del pueblo, del palacio, del mar, del campo siempre siempre siempre tiene facilidades impresionantes para bailar de manera coordinada y que toda princesa o príncipe que se jacte de serlo puede tener su propio coro y correspondiente ballet para lucirse totalmente con sus dotes artísticos.

Disney me enseñó que después de la tormenta siempre sale el sol.

La realidad es que la princesa (o el fracaso del estereotipo) no tiene ropa que le calce perfecto ni piernas estilizadas. No tiene nariz respingada ni un pelo que se revuelve con el viento. Escucha Nano Stern y sufre de manera poco atractiva. No cuenta con un grupo de personas que la siga cuando tiene ganas de cantar en grupo ni un hada madrina que le cumpla los sueños.

El príncipe es un tema tabú.

Conclusión: Disney apesta.



4 comentarios:

the_new_jp dijo...

Pero la bruja de blanca nieves es mas como las brujas modernas, esas viejas cuicas, operadas de todos lados y que quieren ser las mas ricas...


Muy buen artículo :)

Anónimo dijo...

y los del pueblo siempre viven felices y no es falta nada....


esos esteorotipos SI existen... si existen esas princesas perfectas... así como hay "principes" q se las merecen por ser iguales... de perfectos....


a mi me queda inventarme mi perfección.... algo imposible porque las princesas no ven dicha perfección.. jaja saludos

***La¨Maga*** dijo...

Tiene mucho tiempo que quiero hacer un post de cómo es que Disney apesta, cómo nos ha fregado la vida a muchas mujeres (si no es que a todas), pues vivimos en espera del príncipe azul, y en lo que llega nos frustramos porque no somos rubias, delgadas, pobres con vestidos hermosos, porque no tenemos una calabaza que se convierte en carroza.

Lo explicaste divino, te ganaste toda mi admiración!! Te recomiendo leer a Bruno Bettleheim, psicoanálisis de los cuentos de hadas.
Y pasarte por mi blog! un beso.

Nauta dijo...

A mí me agrada el hakuna matata (y de pasada servía para volverte popular si eras el único lo suficientemente necesitado de atención como para comerse los bichos).