martes

Como mimos I


A la Andrea le encantaba ser el centro de atención y el tema de conversación de toda la universidad. No le importaba pagar cualquier precio ni tener que poner su casa todos los sábados que fuera necesario. Ella simplemente quería ser la primera en todo y le molestaba inmensamente que alguien no supiera de su existencia.

A mi eso me cargaba y su petulante manera de sacudir el trasero por todos lados me tenía harta. No soportaba como movía los labios al hablar con sus amigas y menos como al llegar alguna ocasión para lucirse, ella saltaba como un conejo para ser la primera. Me molestaba muchísimo su manera de ser, pero aún así no tenía una mala relación con ella. Había caído en lo que menos quería, la sana convivencia con alguien que detestaba por completo. Pero había decidido hacerlo para evitarme problemas, que de seguro llegarían, si peleaba con ella y para poder odiarla en secreto con mis amigos. Algo completamente cobarde pero quizás hasta divertido.

La Sandra solía decir que llegaría el momento adecuado para ahorcarla y Juan riendo decía que prefería la guillotina. Él, un poco loco, estaba rayado con la Revolución Francesa y Robespierre era algo así como su malvado preferido. Todo tenía relación con él o con sus asesinatos. Juan siempre ha estado chiflado con la historia.

En honor a la sana convivencia que nosotros aborrecíamos, Andrea acompañada de su “metrosexual” novio y de su faldera amiga llegaron hasta donde estábamos y con una falsa sonrisa dijo “Espero que vayan. Ya varias veces los he invitado y nunca han llegado”. Consciente de que la odiábamos, se mantenía frente a nosotros. Sonriendo y esperando una respuesta. El Juan parecía explotar de la risa y tras mirarnos a ambas dijo “ahí estaremos, dame tu dire”.

Ella feliz y nosotras anonadas, mientras el anotaba en un cuaderno la dirección. Guisepe Garibaldi 578, dijo la Andrea mirándonos de reojo y luego se fue. Su novio le dio la mano al Juan y la siguió con sus “delicados” pasos que más de alguna vez habían sido objeto de nuestra risa.

¿Podríamos ir, no creen? nos preguntó el Juan al ver nuestros rostros enfurecidos. Yo no le respondí nada. Dentro de mi idea de coexistencia pacífica con la estupidez no se encontraba ser parte de ella. Vamos, no sean tontas. Quizás hasta lo pasemos bien. Ya po´Cata, demás que nos reímos harto. Además, mira el nombre de la calle, genial. Garibaldi era genial!, nos dijo en tono de súplica. ¿Qué tiene que ver un hueón de la unificación italiana con que nos vayamos a meter al epicentro de la imbecilidad? preguntó la Sandra un tanto picada. No sé, le contestó el Juan, a lo mejor lo pasamos bien. Además, es una fiesta de disfraces y yo no he ido nunca a una. Acompáñenme!

Resulta finalmente que a las cinco de la tarde del sábado la Sandra llegaba a mi cada, con sueño, enojada y muerta de calor. Alegando contra el Juan y diciéndome que no, que ir era transar nuestros principios y que nos daríamos cuenta como luego seríamos uno de ellos. Mujer, no sean tan exagerada, le conteste un par de veces.

Juntas en mi pieza comenzamos a pensar de que nos disfrazaríamos. A unas seis horas del “gran evento” no teníamos idea de que haríamos. Un mensaje de texto del Juan nos decía que su disfraz mataría y que nos preparáramos. Traten de estar a la altura, leí finalmente y explote de la risa al ver la cara deformada de la Sandra al escuchar esas palabras. A la altura, ni aunque me esforzara podría ser tan hueona, dijo refiriéndose al Juan. Cree que estoy dispuesta a hacer el ridículo como el, agregó. Yo me imagine a mi amigo de tantas maneras que preferí quedarme callada, quizás ella decidía irse y luego yo tendría que ir sola con el Juan a la fiesta, y cumplir con mi compañía tantos favores que el me había hecho.


¿Podríamos disfrazarnos de niñas?, dijo la Sandra tomando su pelo y haciéndose dos cachitos. De escolares, de monjas, de dinosaurios. Finalmente elegir un disfraz era mucho menos horrible de lo que yo había imaginado. Tengo una idea Cata, gritó la Sandra con una cara eufórica y una sonrisa tras decir un montón de posibles disfraces que nos harían vernos completamente ridículas. Ya sé de que podemos disfrazarnos. ¿De qué? le pregunté creyendo que tenía una buena solución. De prostitutas, contestó muy seria. Yo tuve que sentarme en la alfombra para no caerme de la risa. Aunque sólo hay un problema, comentó mirándome de repente muy consternada. Ya habrá alguien, y quizás más de alguien, disfrazada de eso. Ahí le tiré un cojín. Siempre me hacía reír tanto que probablemente todo sería muy chistoso, no importaba donde estuviésemos.

A las nueve, ya acorraladas con el tiempo y tras una nueva llamada del Juan diciéndonos que nos pasaba a buscar a las diez y media a mi casa, decidimos disfrazarnos de mimos. Así, había dicho la Sandra, tendríamos la excusa perfecta para no tener que hablar con nadie. Es que yo estoy muy metida en mi personaje y nadie me sacara una palabra. Ambas nos pusimos un pantalón negro que doblamos hasta las rodillas, unos calcetines rayados que yo tenía y unas poleras que había comprado una vez y que jamás había usado. Para complementar nuestros disfraces, decidimos pintarnos las caras. Y aunque no lo creía al comienzo, nos veíamos bastante bien las dos con esa ropa. Nos tomamos una foto con mi cámara antes de salir y nos sentamos a esperar que nuestro amigo llegara a buscarnos.

Bajo un árbol que estaba fuera de mi casa nos pusimos a esperar, fumando un cigarro y riéndonos de cómo nos miraban los autos al pasar. Al pasar alrededor de una media hora llegó el Juan, que no se quiso bajar del auto. Ya verán, ya verán, comentó cuando le pedimos que se bajara para ver su disfraz. En unos veinte minutos estábamos en la calle donde estaba la casa de la Andrea, mirando por la ventana y buscando la ubicación correcta. Al llegar decidí fijarme en todos los detalles de esa casa a la que pretendía no volver jamás, para poder pelar luego por un largo rato al territorio de la Andrea con mis amigos.

Nos bajamos rápido con la Sandra, bastante orgullosas de nuestros disfraces y más entusiasmadas de lo que nos hubiera gustado estar. Nos fijamos en nuestro amigo, el que hizo todos los amagos posibles para no salir del auto y mostrarnos su vestimenta.. Apúrate, gritó la Sandra expectante mientras le golpeaba la ventana. Él un poco tímido se bajó. Llevaba una chaqueta azul con varias medallas. Todo normal, pensé. Pero luego al fijarme en sus piernas no pude evitar explotar de la risa. Tenía unos pantalones cortos y unas medias blancas. Napoleón Bonaparte, murmuró con vergüenza. Ustedes se ven geniales, agregó. Tu también, sostuve poniéndome seria y dirigiendo una mirada de reprobación a mi compañera que aún se reía mientras se fijaba en sus piernas que parecían demasiado delgadas.

Un portón grande era la entrada a la famosa casa de la Andrea. Tras tocar el timbre ella nos abrió con una cara de sorpresa y una inmensa sonrisa. Nos abrazó y nos impregno de su olor a vainilla típico de las huequitas como ella. Luego nos invitó a pasar y diciéndonos “están en su casa niños, cualquier cosa me dicen”, se fue moviendo su también famoso trasero que ahora estaba envuelto en un vestido celeste y muy corto, acompañado de unas alas de mariposa gigantes y unas “dulces” antenitas que le quedaban a la perfección. Ella es así, perfecta, comentó el Juan. ¿Qué?, preguntó la Sandra enojada. ¿Y donde quedó la guillotina?. Imbecil. Ah si.. la guillotina, en la guillotina también murió gente perfecta, respondió el Juan un poco avergonzado. Eres un tonto, un real hueón, te gusta la mina más tarada de la U, gritó la Sandra enfurecida en la cara de nuestro amigo, a lo que él respondió: no seas picota, sabes que no es tarada y que le va bastante bien y lo sabes. Cállate estúpido, dile que pare de defenderla po´Cata! Sólo porque anda con un vestido enano que le resalta todo el poto, este estúpido la defiende a morir y me ahoga en su baba, dile Cata!. Yo sorprendida por los celos de la Sandra y por ver como el máximo ideólogo de la “guillotina para Andrea” se daba la vuelta en el aire más grande del último tiempo, decidí decirles: paren de pelear, me aburrí de ustedes. Me voy a buscar bebida, ¿quieren?. Si encuentras otra cosa que no sea bebida, algo así como veneno para ratones tráemelo, así podré morirme ahora mismo y no tendré que soportar tanta estupidez, me comentó la Sandra enojadísima y dándole la espalda al Juan que estaba sentado en el mismo sillón que ella. Un poco avergonzado aún por su comentario, decidió levantar la voz. Yo te acompaño Cata, me dijo. Ah no po´.. ahora me vas a dejar sola, gritó la Sandra roja. Ah no, claro que no, rectificó él sentándose nuevamente y agachando la cabeza para ocultar su visible incomodidad.

Yo aburrida de oírlos pelear, me puse a caminar. Era una casa realmente inmensa y muy bien arreglada, todo muy bonito, todo muy perfecto. Tal como ella. La Andrea estaba en el patio de su casa conversando con todos y sonriéndoles mecánicamente. Al verme salir de su casa me habló, Catalina! Que rico que hayan venido, en serio. Estoy tan feliz de verlos por acá. ¿La estás pasando bien?. Si súper, le mentí. ¿Tienes algo para tomar?. Si claro amorosa, en esa mesa de allá.. ¿la ves?.. bueno, en esa hay de todo. Anda y sírvete lo que quieras, cualquier cosa me buscas o al Nachito, ¿ya?, dijo dándole un beso a su novio que estaba a su lado. Nachito o Nachigay, como le decíamos nosotros, llevaba un disfraz de gladiador romano que le daba una pinta impresionantemente producida para mi gusto y que seguramente habría sido calificado por mis amigos como un gran maricón.

Llegué a la mesa donde según ella había de todo para tomar y comprobé que cuando había dicho “todo” no había exagerado. Pero no me llamó mucho la atención, tenía hambre y me fije en la mesa que estaba al lado. Ésta tenía muchas cosas para comer. Todo tan freak que ni siquiera se me ocurrió pensar en lo que estaba comiendo y decidí probar un canapé de cada plato. El ambiente de la fiesta era algo tranquilo aún, todos conversaban y de vez en cuando escuchaba alguna risa explosiva. Pero apenas tragué el último canapé comenzó a sonar un ritmo horrible pero extrañamente pegajoso, algo así como un reggeton con una letra simple y chistosa. Una basura escuchable, como la habría calificado la Sandra. Al mirar hacía el lado me fijé en como un compañero llenaba un vaso con cerveza. Me miró y se acercó a saludarme. Recién en ese momento pude ver quien era. Hola Catita, que rato verte por estos lugares, dijo abrazándome con fuerza. Me encanta tu disfraz, que genial saber que el mundo no está lleno de mariposas ni de princesas, comentó riéndose. Gracias, respondí riéndome también.

Si estoy acompañando al Juan que se le ocurrio venir. ¿A Napoleón?, preguntó. Si claro, a Napoleón!. ¿Me acompañarías a mi un rato?. Y yo no le respondí. El Pancho era de esos que yo creía que odiaban la estupidez pero que de todas formas se mezclaban con ella. Eso me hacía odiarlo de todas formas, pero debía reconocer que siempre me había llamado la atención. Sin reconocer que en el fondo me encantaba que se hubiera acercado a mi le dije que no. Es que mis amigos me están esperando, reconocí. Vamos! ¿no crees que llegó el momento de que conozcas a alguien más que al Juan y a la Sandra?. Conversemos un rato, concluyó diciendo mientras me agarraba la mano.



PS: Falta la segunda parte xD

9 comentarios:

Shin-Shin dijo...

me dejaste super metida!!!!

quiero leer la segunda parte... y sobretodo el final

adoro como escribes y te imagino en tu ambiente universitario


apuesto q conoceras a alguna andrea y a una sandra =D

besossss... te kiero muchoo!!!!

caramelo_booh dijo...

me gusta, me gusta, me gusta :)
voy a seguir tu consejo y me pondré a practicar y a practicar.
saluditos froda :D

Siel dijo...

te odio xD
cómo lo cortas así xDD
tenías razón, ahora soy feliz xDD
pero seré más feliz luego de que pongas la segunda parte u_ú

besos!!
=***

Jacquie dijo...

TE mando saludos en el día de los enamorados!
Besitos!

Rag Doll dijo...

Qué entretenido! Inspírate luego!

PD: Algo me dice que lo que viene, ya me pasó, jaja...

frodita dijo...

si ya esta lista la 2da parte

es cosa de ponerla no mas =O

melOn dijo...

hoolaa mujerrrr!!!

como estas???

es chori esta historia aunque no me acuerdo de mucho xP, otro día la leo pq estoy con el hurtado inflando un colchón xD y cero concentración!!


te quierooooo

ame el monito de caminantes ^^
besos!

Petra G. Mizteiken dijo...

Ya poh!
pone luego la segunda parte...
super buena la historia
saludos

Limón dijo...

que bueno q ñllegue tarde cuando ya estaba lista la parte dos :O